10/12/06
Paréntesis: Puentes…
Miércoles
Llueve. Este día gris me destroza el alma, como si la soledad tuviera forma, cuerpo, sentimiento y yo a contracorriente me dejara llevar, ahogándome en ella suavemente, contra mi voluntad.
Como un antídoto de la felicidad, la tristeza (o quizá es la nostalgia) hace mella, me carcome, me deja yerma de palabras, de recursos, de proezas…
Cuando los días tristes y melancólicos se apoderan del paisaje, sólo pienso en azules sin desperdicio, algunos verdes y otros grises pero de asfalto, de locura, de glamour, de frenesí contra ese azul del cielo tan intenso entre los rascacielos.
Sólo pienso en esos momentos tranquilos de discusión y debate de las ideas; de enriquecimiento mutuo, de sueños, de fantasías inacabables, de palabras juguetonas, de quimeras inmensas…
Sumida en mis pensamientos apareces y cuidas mi arte, la belleza de mi entorno, mi confort, te preocupas por mi cocina, la saboreas y la compartes conmigo, me miras, sonríes, te enfrentas a mis palabras socarronamente y luego me mimas amorosamente como en los viejos tiempos, con tanta ternura, con tanto acierto…
Cambias mi ritmo, mi estado de ánimo, mi rictus y te sonrío a vueltas mientras permito que me envuelvas entre tus juegos, mientras juntos esperamos a ese amigo que los dos conocemos de hace mil años…
Jueves
Amanece soleado, brillante y azul el cielo… Se ha despejado la lluvia y las nubes que ayer cubrían el cielo. Esta mañana el sol diligente sesga el espacio y actúa de cortafuegos entre dos lugares potentes: el mar y el cielo. Me encanto mientras espero que mi amigo, fatigado del largo viaje, despierte para desayunar juntos.
Los desayunos en días de fiesta son un lujo, un regalo que disfruto lentamente. Despliego esa variedad de productos de la tierra algunos, otros de más lejanos dominios para deleitarnos mientras tomamos ese café prohibido que saboreo como elixir de vida y pienso “luego pagaré el precio, ahora mismo, me recreo y me olvido de mis males”.
Hago gala del pueblo, paseamos junto a la orilla de esos azules de invierno. Huele a mar y los poros, poco a poco, se oxigenan, se regeneran mientras rememoramos con mi conocido, después de tantos días, tiempos olvidados pero jamás perdidos.
Viernes
Organizo una comida para que mi lejano amigo disfrute de mis aliados constantes… y charlamos, charlamos tanto que pasan las horas sin darnos cuenta con anécdotas, con noticias y descubrimos afinidades entre los desconocidos. El mundo es un pañuelo, decimos… Cruzamos distintos idiomas, miradas y pensamientos hasta que, llegada la noche, salimos de nuevo.
Sábado
Se va mi amigo y como siempre que tengo bullicio, me queda un vacío con ese silencio tan denso. Recojo, organizo, limpio. Vuelvo a la rutina de los ejercicios, de mis lecturas, de mis correcciones pero sobre todo… pienso, mientras en mi mente, almaceno religiosamente esos momentos de complicidad vividos.
Domingo
Con las mujeres de “Riego”, como las tildó ese amigo cibernético tan estupendo, salimos al campo, como todos los años a buscar hierbajos para decorar la casa estos días. No nos pasamos; no arrancamos raíces, cortamos ramas de olivo, de almizcle, de cerezas de pastor y además tomillo y romero para los guisos. El campo, tan limpio después de las lluvias nos hace sentir frescas.
De regreso a casa enciendo la estufa, busco leña, tardo ese tiempo que requiere el buen fuego. Toda la casa huele a humo. Ahora mismo, a invierno…
19:15 Permalink | Comentarios (24) | Email esto
03/12/06
desde dentro...
Os pienso y os imagino una a una, uno a uno, os pongo cara, ojos expresivos y manos delicadas y finas, otras más adustas… pelos rizados lisos, claros y oscuros, miradas de invierno, miradas de verano allende los mares en ese trayecto diario que devora mis horas mientras contemplo el mar y vivamente os pienso…
Me pregunto en esos momentos por qué me enredo con esos proyectos tan intensos que reclaman tantas horas de mi tiempo cuando estoy en las clases y cuando no estoy en ellas…
Pero me justifico y os lo cuento porque pienso que enseñar es un compromiso que va más allá de los libros de texto y de las tareas y cuando te cautiva la docencia es simplemente esto; absorbente.
Y me justifico cuando me deleito con esas miradas de complicidad, con frases lapidarias inesperadas que fluyen como respuestas contundentes a mis intentos, a mis esfuerzos.
No es nada, sólo eso, necesito un respiro…
23:25 Permalink | Comentarios (11) | Email esto
15/11/06
Complicidades...
Hace unos días hicimos una cena en casa con gente variopinta, diversa; compañeros de trabajo del año pasado, ex-alumnos, esposas y compañeras y amigos de siempre… Comimos japonés casero, hecho con todo el esmero; un tataki delicioso, unos gyoza con su relleno de gambas, jengibre, cebollinos y ajos tiernos. Para sentirnos colectivos un sukiyaki donde todos mojábamos y cocíamos la carne con nuestros palillos en la misma cacerola. Mientras comíamos, charlábamos y nos contábamos secretos, esos secretos que pueden ser escuchados.
Entre mis secretos les cuento una de mis pasiones, ese abrazo de oso… y sé que algunos no me entienden pero veo por el rabillo del ojo a mi compañero de trabajo del año pasado que justo sonríe en ese momento preciso, esa sonrisa picarona y consigue recordarme esas complicidades que con él tuve no hace tanto.
Le echo tanto de menos… ese cruce de miradas en las reuniones, en los pasillos, ese intercambio de palabras al terminar las tareas, esos sentimientos que dejan poso, que se consolidan, sin decir demasiado, pero que sientes por esos vínculos que estableces, esa añorada complicidad.
Y este año, ese espacio tan lujoso que ostento, esa escuela digna de un cuento, me distrae de mi intento aunque sepa que pronto volveré a encontrar a gente de ese talante que ahora mismo me cuesta encontrar.
Existirán… me pregunto?
23:15 Permalink | Comentarios (16) | Email esto

