15/05/07

Nino II. La música

Si Bravo había revitalizado mi cuerpo, mis sentidos ¿cómo era posible que tú, Nino, tan endeble en apariencia, tan sensible, tan delicadamente femenino  pudiste revitalizar mi alma?
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Día tras día fui notando tu presencia imperceptible. Tus miradas ante mis palabras, tus sonrisas…  las complicidades se multiplicaron hasta compartir e intercambiar músicas y libros, no sólo físicamente. Desde tu terraza veías la mía y solías poner tu “tocata” a tope para que oyera lo que tan acertadamente me dedicabas: Bach; las sonatas, Mozart; Cosi fan tutte; el Stabat Matter de Pergolessi, el Réquiem de Fauré, Romeo y Julieta de Prokofiev y las Gimnopedies de Satie entre otras miles.

Me sorprendía tanto que un mozuelo como tú pudiera tener tal conocimiento de la música clásica además de tener un dominio del pop, de los blues, de la new age entre otras…

Otros días Mike Oldfield, casi un ídolo, sonaba en el aire en ese cielo azul intenso, con ese olor a sal y arena y pongo por testimonio las golondrinas de aquella primavera de tu conocimiento. De tu mano descubrí a Klaus Shulze mientras yo te descubrí el Ignacio de Vangelis que escucharíamos miles de veces, en mil momentos casi eternos. Qué fuertes los recuerdos, Nino!

Y ahora mismo todos ellos me entran acompasados de estas músicas excelsas, a borbotones, a golpes, como si el pasado, no tan lejano, desplegara sus velos opacos y convirtiera esos momentos en experiencias traslúcidas. Tantas experiencias que cambiaron el curso de mi vida. Y ahora mismo, quiero pensar que no me arrepiento, como lo he intentado decir tantas veces.

23/04/07

Nino I

Han pasado tantos años Nino! No voy a decir cuántos! Recuerdas cuando por primera vez entraste en aquella clase provisional con vistas al mar? Era un día soleado. El mar y el cielo desplegaban azules insólitos y un rayo intenso de sol entraba por los grandes ventanales Años después todavía recordabas mi vestimenta: Una falda ancha de tonos verdes, con pequeñas flores y una blusa blanca, puro estilo ibicenco. Seguro que, además, llevaba unos pendientes y algún que otro abalorio con aires “hippies”, como tocaba en aquellos tiempos.

Yo estaba pletórica; ¡el mar cerca me da tanta energía!. Nunca, en mi corta vida de enseñante había tenido una aula como aquella. No por su contenido; el contenido eran simplemente treinta y ocho sillas con brazo que disponíamos según necesidades, una pizarra, por supuesto y una gran mesa que me agencié de otro instituto que tenían arrinconada y no usaban. Ésta mesa sorprendente contenía los artilugios que necesitaba para dar mis clases; un proyector, de filminas y un magnetófono. Todo un lujo en aquel momento. La clase era alargada y distribuí las sillas en forma de “u”: dos hileras a cada lado y otras pocas al fondo con un pasillo central, para posibilitar distintas agrupaciones de las sillas y la formación de grupos.  Teníamos espacio y podía moverme de grupo a grupo, sin problema

Me senté en la mesa (nunca me ha gustado sentarme detrás de la mesa, ya sabes, en clase, no paro quieta) para hablaros de cómo iban a ser las clases de inglés aquel año en el que todos estrenábamos ese maravilloso centro provisional y os pedí que intervinierais. Me mirabais algo sorprendidos y en algunos casos observé cierta perplejidad en vuestros rostros y escuché a hurtadillas un comentario: “Este año, el inglés no será una “María”!”. No estabais acostumbrados a ser responsables, a participar... “profe, que usted es la maestra, no nos venga con inventos” y yo os pedía compromiso y participación. Os pedía que participarais de los apuntes de una programación incompleta que os presentaba en aquel momento. Os hablaba de lo que era la comunicación, de los proyectos, de la oralidad del lenguaje, de la realidad de la comunicación y, en un pueblo cómo el nuestro, la práctica real la teníamos al alcance. Mi sueño era posible! Mi materia no se archivaba, era útil desde el primer día.

Aquel primer día no te recuerdo a ti, os recuerdo a todos como uno solo aunque quiero pensar que me fijé en Sonia, en su espontaneidad, en su facilidad de palabra, en sus elucubraciones tan bien hechas, desde el primer día tan estupenda con esos ojos tan vivarachos y a Joe, tan grande y corpulento aunque de movimientos cansinos y con esa barba adolescente, a Carbonell con esa cara de incredulidad, de pillo y con esas preguntas tan impertinentes. Nunca deje de sonreír ese día, era consciente. Tu eras tan discreto que no me di cuenta de tu presencia pero no tardé en apreciar tus gestos, tu mirada, tu extravagante vestimenta y sobre todo, tus contribuciones tan sensibles tan especiales, tan distintas a todas… Cómo no iba a fijarme!

15/04/07

Revuelta

 

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Domingo por la mañana. Una semi-clásica me acompaña, como tantas otras mañanas de domingo. Un sorprendente Battiato, “Shadow Light”; una misa, antimisa, una música sublime para mis sentimientos revueltos.  

Después de las lluvias y los fríos, las emociones, los viajes y los tumultos me recluyo serena en mi palacio. Ese palacio azul de mis sueños y realidades.

Un sol entre nubes todavía, ilumina cada rincón de la casa. El azul del techo destella, el blanco de las paredes brilla y en el suelo, también azul, veo las olas revueltas de mi alma… esta mañana de domingo.

Nota a nota, tecla a tecla del piano, con las voces, con los coros y después la orquesta... Battiato impregna cada minúsculo sentimiento de mi alma y lloraría sin pausa hasta vaciar toda esta amargura que me desconcierta.

Pues sí, ando revuelta. Sin saber exactamente lo que me pasa; contradiciendo mis actos y mis pensamientos. Sin respiro me pregunto qué me pasa cuando aunque estés cerca te sienta lejos. Tú ya sabes que no sé vivir sin cuerpo, no sé vivir sin alma y por eso me contradigo y con ese respeto que me desgarra te dejo que seas tuyo pero no acierto mis actos,  ¿o no los deseo?

Y busco y encuentro aunque no sé si encuentro lo que busco pero con reticencia hallo y descanso…