08/08/06

Instantánea #2. El vals

Habíamos terminado el curso y estábamos todos satisfechos y relajados después del esfuerzo. Llegó la cena de despedida, las canciones y por supuesto entre ellas “Asturias, patria querida”, aunque ésta no era su tierra sino otra tan opuesta a la mía en su geografía pero que tanto quiero, por mis amigos, por sus costas suaves y bravías, por sus rías, por su comida y sus buenos vinos. Aquella noche, los vinos de las variedades godello y mencía y el calorcito de principios del verano nos tenían alegres. Yo estaba retraída, observadora como casi siempre cuando acabo mis cursos. Veía entre los alumnos, muchos mayores que yo, uno que cantaba con una fuerza especial. Su sonrisa socarrona y su vitalidad me cautivaron y a cierta distancia y con mucha discreción, le observé desde el rabillo del ojo. La cena se desarrolló cada vez más animada.

Llegó una orquesta del lugar, se oía la algarabía fuera del restaurante y algunos, poco a poco, se fueron a la plaza a bailar. Me encanta bailar pero no me sentía yo muy dispuesta a socializar. El día había sido largo y me dispuse a marcharme dirigiéndome al coche para regresar al hotel y justo al salir, desde dentro los muros de la plaza mayor o quizá del pueblo, si mal no recuerdo, se oía un vals (creo que desde que vi bailar el vals a mis padres de niña una vez, que se convirtió en mi baile favorito, junto al rock) me giré y me topé inesperadamente con el cantor de mirada socarrona y me salió del alma: “jo! un vals” y permanecí mirándole. Supongo que leyó en mis ojos el deseo y me dijo: “Bailamos?”. Allí, extramuros y en medio de los frutales bajo la luz de la luna, con la música lejana pero perfectamente perceptible bailamos un vals que jamás podré olvidar. Al terminar le dije: “Gracias, un placer!” “El placer es mío”, me contestó y algunas palabras más en medio de su desconcierto y de mi emoción, que no me atrevo a plasmar...  pero que me sentaron muy, pero que muy bien!

 

Ahora mismo me pregunto cómo andarán esos frutales, en medio de ese horror de fuego que acecha esas tierras.

04/08/06

Instantánea #1: “You’re so beautiful...”

La mañanas de primavera tienen fuerza en Nueva York, como en muchas otras ciudades de estas magnitudes, me imagino, pero en ésta especialmente cuando las nieves de invierno, primero limpias, luego grises han desaparecido ya y los árboles en Central Park empiezan a preñarse de capullos, de hojas tiernas, y mas tarde de tallos floridos. La ciudad que nunca duerme renace a otros olores más limpios, revive como cada año y su gente despierta en este tiempo sentimientos acordes a estos cambios. Hoy, que acaba de llover al fin!, aquí, cerca del Mediterráneo, y con olor a tierra mojada, revivo en mis sentidos olores y sensaciones y una historia de mis avatares cotidianos en la gran manzana.

Andaba temprano por las calles de Nueva York hacia la oficina, decidida, sonriente como solía hacerlo cada mañana. Llena siempre de colores, de músicas callejeras, de  representaciones y espectáculos que amenizaban todos mis pasos desde el metro, cerca de mi casa, hasta llegar a la Quinta avenida pasando por la 34.

Dispuesta a cruzar el semáforo observé un señor con pinta muy neoyorkina (bien vestido, de oscuro… pantalón y camisa, chaqueta con cuello Mao… ), al otro lado de la 34 que me miraba y me sonreía. Pensé “le habré visto antes o quizá me cruzo con él algunas veces… ” y por cortesía le devolví la sonrisa. A medio cruzar la calle, con un tráfico de mil diablos, se para y me dice “you’re so beautiful”…me quedé atónita mientras proseguía mi cruce en dirección opuesta y el hombre a grito pelado insistió: “are you married, or engaged?”. No daba crédito a mis oídos ni a las miradas sonrientes de los transeúntes. Me sonrojé y seguí caminando más turbada que el resto de la gente que parecía disfrutar del espectáculo.

Llegué a la oficina absolutamente azorada por el barullo que el señor había organizado a mi costa pero todavía con esa sonrisa interior y esa voz que me decía que todo es posible en Nueva York, y yo, como tantas otras veces, con miles y distintos instantes, lo había experimentado.

PS: Nada tiene que ver con la canción de Blunt. Ocurrió poco antes de que la creara  pero cada vez que escucho la canción, recuerdo al neoyorkino, totalmente “pirado”, sus gestos, sus manos alzadas, sus ojos tan sorprendentemente abiertos a esa hora de la mañana, y sus palabras.

 

01/08/06

Fantasías y silencios... #3

Te acuerdas la primera vez? Me parece que han pasado mil años… Éramos tres. Me mirabas tan intensamente, con esa sonrisa, sólo y exclusivamente tuya que todavía me tumba cuando la observo en tu rostro, incluso cuando la intuyo... Esa mirada pícara como de niño eterno, divertida, socarrona, perversa algunas veces y también tierna. Me mirabas entonces, como tantas veces lo has hecho mientras me desbordaba de placer. Lo tuyo nunca fueron las palabras y aprendí a leer tus deseos en la punta de tus dedos y en la sonrisa de tus labios, y aprendí a interpretar tus sutiles órdenes en tus tranquilos y pausados movimientos. No había palabras, pero tampoco silencios absolutos; la música, real o imaginaria, siempre nos acompaña… a pesar de esa negación tuya a las palabras, a los matices verbales a los  que te resistes a pesar de mis intentos.

Cuántas luces nos han acompañado en nuestros actos! Cuántas tardes, mañanas, frías y cálidas noches, de tierras lejanas, de nieves y mares, y soles, y lunas acariciando nuestras almas… y entreluces, de ventanas distintas; de visillos, de cortinas, de persianas, de estores; con fondos urbanos, campestres, marinos… ¿Te acuerdas de las tardes de verano, con fuego en el cuerpo, sin aire en el aire mientras nos fundíamos en una sola carne? y las tardes de invierno sobre la alfombra cuando veíamos un cielo rojo, intenso que se hundía en el horizonte, justo detrás de la torre modernista, de azules y blancos… Cuántas horas infinitas de felicidad contigo!

Aún y  esas horas, permanecen tus ausencias que, a veces, me desgastan tanto…

Pero como siempre he hecho, me contradigo y en nombre de esa libertad, de ese respeto que nos profesamos me acongojo, me angustio a veces, me hundo y me debato, en esa mi constante suerte, eternamente, entre silencios y palabras…