25/08/06
La Fiesta
Las fiestas son cortas, pero intensas. Las auténticas, las de siempre y donde se concentran los actos mas solemnes duran 36 horas seguidas. Empiezan siempre el día 23 de agosto a las 12 del mediodía con la emotiva entrada de “grallers”. La gralla es un instrumento de viento muy antiguo, estridente y agudo. En este momento, los varios grupos van llegando al centro neurálgico de la villa y a todos los presentes nos pone los pelos de punta y nos deja un indescriptible nudo en la garganta. Cada grupo, a su llegada, sube a una pequeña peana y tocan algunas piezas. Siempre hay alguna melodía nueva, desconocida que llega casi siempre perfecta de la mano de los grupos de “l’Escola de Grallers de Sitges”. Cómo nos arrebatan esta gente, cómo consiguen trasladarnos a otros tiempos, haciendo rememorar momentos que perviven eternos en la memoria.
Seguidamente tocan en la plaza dos sardanas “La Processó de Sant Bartomeu y La Festa Major” que religiosamente todos, grandes y pequeños bailan a pleno sol, con mucha alegría y energía. Es el principio de la fiesta. Las danzas entran una tras otra hasta llenar la plaza de círculos concéntricos para dar cabida a todos los presentes. En medio de la danza llegan las tres parejas de gigantes majestuosos, espectaculares; los reyes cristianos, los moros y los americanos indianos… las gigantas con su ramo de flores, los gigantes con su espada o su cetro, excepto el cubanito que para honrar a su nombre, lleva un buen puro en la mano. Les siguen los cabezudos, muchos nuevos este año incluyendo a Rusiñol. Desfilan todos los bailes, “Els Bastons”, cruzando sus palos y picando con fuerza. “Els Pastorets, les cintes, les Gitanes y al final de los bailes, la estrella, “la Moxiganga” un baile medieval de tiempos mozárabes del que todavía se conservan todos sus pasos. Llegan, para redondear, los diablos y los dragones echando fuego por doquier. Aquí muchos se esconden, entran deprisa por las bocacalles y los extranjeros están alucinados de ver tanto atrevimiento, tanta osadía, tanto ruido siempre fascinados por la luz y el color.
Llegamos a casa a las cuatro de la tarde, picoteamos algo y nos echamos una siesta porque habrá que aguantar toda la noche para poder disfrutar de los espectáculos más hermosos. El castillo de fuegos a partir de las 11 de la noche, que es siempre extraordinario. Despliegan mil formas y colores en la iglesia, “La Punta”, como aquí la llamamos y salen cohetes desde el mar que se elevan desmesurados por todo lo alto y caen en lluvia de estrellas rojas, verdes, amarillas, o en polvo de oro, brillante, increíble, mágico, de verdad!
Cuando se acaban los fuegos abren toda la zona y los gigantes, cabezudos, dragones, diablos y bailes empiezan a descender las escalinatas que, desde la iglesia, bajan al lado del mar. Ese perfil luminoso de esperpénticos personajes a contraluz, en medio del fuego, deslizándose por las escaleras no se puede olvidar. Siguen este tercer itinerario, por el paseo junto al mar y cuando ya se retiran, el bailongo, al aire libre, que cada año está a rebosar. Llegamos a casa, antes de que finalice, a las tres de la madrugada y a las seis de la mañana si no estamos despiertos, suenan otra vez los petardos, las músicas y los bailes recorren las calles céntricas y despiertan a todo el pueblo, cerrando la comitiva los carros de caballos que distribuyen flores a las mujeres de la villa. El pueblo huele a nardos, la flor más preciada, adornan otras especies; claveles, gladiolos, dalias… y todas la mujeres (y quizá algunos hombres!) llegamos a casa con el ramo a preparar el chocolate a la taza con las pastas.El desayuno es otro ritual; rodeados de flores que adornan, que embriagan mientras golosos hundimos las pastas en las tazas apurando el delicioso néctar hasta el final. Hay algunos minutos de reposo y ya nos preparamos para ir a oficio. Lo más importante no es la misa sino la salida con otro repertorio espectacular. Ahora frente a la “Casa de la Vila”, o Ayuntamiento con su balcón a rebosar pero lo fuerte está abajo, entre el pueblo, entre miles de gentes que se amontonan en la plaza para ver los gigantes, los bailes, las torres humanas o “xiquets” y por supuesto la constante música de los fuegos que todavía no cesa, ni cesará. Los más prácticos encargan la comida en un restaurante. Los nostálgicos que no nos importa cocinar preparamos cosas fáciles o que se puedan preparar el día anterior y al llegar a casa el día de la gran fiesta desplegamos los manteles de las abuelas, platos y copas de las vitrinas y cubiertos de la caja que sacamos, por lo menos, una, dos o tres veces al año! Por la tarde, las casas del centro se llenan; amigos, familias, conocidos esperan desde los balcones o en la calle el último recorrido del desfile hasta terminar y ahora viene a mi juicio el más hermoso estallido final. Al terminar la procesión hay que encerrar al Santo, San Bartolomé. Antes de recluirle en la iglesia hasta el año siguiente otra vez los fuegos hacen alarde de su esplendor, las danzas, las músicas se entremezclan, todo es una algarabía contradictoriamente ordenada. En la plaza de la iglesia, todas las músicas, los bailes y cohetes se despliegan a la vez, hasta cerrar. Es un momento corto pero intenso donde quieres estar debajo del fuego, con la camiseta que durante estos dos días ha ido acumulando agujeros de las chispas del fuego.
Minutos después, y en otra plaza donde vamos corriendo, toca encerrar al Dragón marino “El Drac” que echa fuego por los colmillos y por la cola junto al Águila, otro monstruo similar. La gente grita “Foc a la bèstia!” Este enfrentamiento entre los seres del bien y del mal se debate con los gigantes a quienes también tenemos que encerrar. Estas tres parejas bailarán lo que llaman el “pique” a ver quien puede acercarse más al otro, en tono de desafío o coqueteo mientras miramos quién se atreve a rodar sin parar. Esas criaturas despliegan su capas, sus túnicas al aire con las vueltas centrífugas que les dan. El tono sube, la gente aplaude, brinca, baila con los gigantes y poco a poco se va desvaneciendo la magia, se encierran los grandes, los medianos, los pequeños y tristes los despedimos gritando… Se relajan los ánimos. Todavía con la sonrisa en los labios, con ojeras, desgarbados, sucios, quemados y sudados desfilamos a nuestras casas. Son las doce de la noche. Hora mágica. La fiesta, se acabó!
Me pregunto cuando vivo estas fiestas porqué me enganchan tanto cuando soy tan capaz de adaptarme a nuevas tierras, a nuevos acentos, a nuevas pulsiones. Sin embargo, será que siento ese gusanillo ancestro, o uno de ellos que se despierta cuando lo veo, cuando lo huelo, cuando lo vivo, cuando me quemo… y no lo puedo evitar, a pesar de sentirme fuerte, de sentirme mía, de sentirme "yo". Hay algo más fuerte… más fuerte que yo.
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24/08/06
Paréntesis
Llegas a casa en medio de mis pensamientos, con tus silencios, con tu ternura y esta vez, me atrevería a decir con una pasión casi desconocida estos últimos días.
Cenamos en la terraza, también están de fiesta los vecinos, todos celebran los días, los fuegos, los bailes y los conciertos y nosotros tomamos nuestro cava (catalán, por supuesto!), serenos pero también contentos. La cena, sencilla, nos pone a tono… charlamos, filosofamos y como siempre me miras y me questionas con la mirada, incrédulo pero sonriente.
Bajamos y en medio de otros desiertos encuentro tu cuerpo, encuentro tu alma y me abandono, como en otros tiempos. Murmullos, suspiros, encuentros húmedos y placeres sostenidos…
Si sólo supieras cómo te quiero…
00:50 Permalink | Comentarios (0) | Email esto
23/08/06
Bravo II
Esta vez ya no son sus ojos, están cerrados, como los míos. Es ese cuerpo robusto que me aprieta con fuerza, ese olor que desprenden sus poros que me ruboriza, me inquieta, y sin embargo me dejo, porque en mi carne siento, después de tanto tiempo, otra vez, que estoy viva.
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