17/07/07

Después de la lluvia

dd2f95bc8ad80d10c7f43c261498f95b.jpg
Ayer llovió sin molestar. De hecho la lluvia arreció después de una tarde calurosa y se agradecía el gesto. Esa magia de control del tiempo que me agencio siempre que voy a Inglaterra, quedó truncada por unas cortas horas y después volví a las andadas, a lo mío: sin lluvia, con palabras, con campo, con verdes sorprendentes y un cielo azul metálico con mil estrellas desplegadas, limpias, inmaculadas…. después de la lluvia, tan fresca volví a investigar el espacio y hoy, con este aire intenso de la mañana, me siento renovada, elocuente, casi brillante en mis interpretaciones en el aula, relajada con mis relaciones, observadora de lo nuevo y de lo viejo, de lo mas conocido y de lo menos, de lo mas complejo y abstracto y también de lo más concreto.

Serán los años que me otorgan esa tranquilidad ante las dudas, ante lo incierto y como si fuera un juego me quedo pensando y actuo sin miedo al presente y menos al futuro

 

e5ae1506bb32d695fb77c3ef8c167df1.gif

 

Y qué bien me siento cuando pienso que todo es relativo y a lo más positivo me acerco.

12/07/07

De azules a verdes

8 de julio

86d1972ba260864af8630341563a4187.jpg
Verano. Llego a un piso del ensanche barcelonés, con ese bochorno que conocimos tantas veces, tantas horas, tantas tardes y noches... con fuego en el cuerpo... sin aire en el aire… Recuerdas?

La luz, la temperatura, la humedad que ahora mismo registro me devuelven tu recuerdo e incluso siento, percibo el tacto de tus largos dedos sobre mi pecho.

No está tan lejos el tiempo recapacito, si hace tan sólo unos días éramos capaces de mirarnos como lo hicimos en aquellos momentos.

Estoy sensible, demasiado. Ese espíritu ancestral de la tragedia asoma despacio por los recovecos de mi mente y  a pesar del verano que, con el calor, atonta e inhabilita mi pensamiento, ahí estás, sin remisión, como tantas veces has estado y sigues estando, machacando mi conciencia, deconstruyendo mi recuerdo. Y, ahí estoy, escuchando el eco de tus palabras y la chispa de tu mirada,  aunque no estés cerca.

Quisiera que fuera dulce pero siento amargo el instante ahora mismo. Quizá porque este alejamiento, voluntario, que elijo para nutrir mi intelecto me deja sin esos días de sentirte a flor de piel, que aunque siempre inciertos, son posibles cuando estoy atenta, pero cerca…

------

12 de julio

ad16f3c74141986356f7bc4729a2e685.jpg

Y llegué a esas tierras que tanto aprecias, sin acentos ni “ñ”s en el teclado, sin las “ces” de mi lengua materna y tengo que llevar a cabo mis inventos para recuperar esos signos que no utilizan en esta tierra. Con mañanas frescas, con más verdes que azules, con nubes de “Gainsborough” pero sin lluvia hasta el momento. Poquito a poco… recuerdo. Poquito a poco… te siento.

03/07/07

Instantánea #8. El vals del Metropolitan

 
adbba70a15d4b3c79ad3a979c1ed5dff.jpg

 

Visitar los museos de Nueva York es una tarea interminable y una diversión siempre pendiente y posible. Muchos de los museos requerían más de una visita y esta vez allí estaba, en el Hall del Metropolitan otra vez, con ese amigo entrañable  que bien conocía e incluso compartía muchos de mis gustos.  

De repente desde esos altavoces que casi nunca escuchas lo que suena escuché un vals. Bien sabía mi amigo de mi debilidad. Me mira y sonríe y yo, discreta pero cómplice le devuelvo la sonrisa, agradeciendo la invitación tan sutil. Y así, me toma en brazos y en el enorme Hall del Metropolitan empezamos a dar vueltas a ritmo de vals, hasta que se montó un círculo de gente ardedor nuestro. Una señora mayor iba diciendo “Oh, lovely! Lovely!”, alguno nos miraba inquisitoria i reprobadamente, otros con miradas de interrogante, miradas socarronas, algunos naturalmente nos ignoraban y algunos más tímidos nos miraban por el rabillo del ojo.  No tengo conciencia de cuándo ni cómo acabó el vals, aunque sí de las imágenes de los momentos que sucedieron. El paseo por las salas de Egipto me parecieron mágicas aquella tarde. Me gusta esa concepción abierta de los museos de Nueva York donde paseas cruzando puertas y arcos tan vetustos como el templo de Dendur. Me quedé maravillada ante la estatuilla del hipopótamo azul. Me imagino que me llamó la atención por esa pátina de ese precioso color que todavía conservaba después de tantos miles de años y por la textura de la cerámica que me parecía familiar aun sin haberla visto nunca antes. Esa pequeña estatuilla fue compañera de viajes de “después de la vida” (after life) del “steward Senbi II ”. Bonita costumbre la de enterrarte con los artilugios para que te guíen el camino del más allá, con tus fetiches, esos fetiches que guardas de un traslado tras  otro como queriendo aferrarte a las historias de tu vida…

Recuerdo que soñé, soñé despierta como tantas veces hago cuando observo maravillas sean vetustas o nuevas, y en un mar de dudas regresé a casa todavía envuelta por los compases de aquel vals no tan lejano que guardo en mi memoria y que atesoro de mi estancia en Nueva York.  

 

Todas las notas