17/07/07
Después de la lluvia

Serán los años que me otorgan esa tranquilidad ante las dudas, ante lo incierto y como si fuera un juego me quedo pensando y actuo sin miedo al presente y menos al futuro

Y qué bien me siento cuando pienso que todo es relativo y a lo más positivo me acerco.
23:40 Permalink | Comentarios (10) | Email esto
12/07/07
De azules a verdes
8 de julio

La luz, la temperatura, la humedad que ahora mismo registro me devuelven tu recuerdo e incluso siento, percibo el tacto de tus largos dedos sobre mi pecho.
No está tan lejos el tiempo recapacito, si hace tan sólo unos días éramos capaces de mirarnos como lo hicimos en aquellos momentos.
Estoy sensible, demasiado. Ese espíritu ancestral de la tragedia asoma despacio por los recovecos de mi mente y a pesar del verano que, con el calor, atonta e inhabilita mi pensamiento, ahí estás, sin remisión, como tantas veces has estado y sigues estando, machacando mi conciencia, deconstruyendo mi recuerdo. Y, ahí estoy, escuchando el eco de tus palabras y la chispa de tu mirada, aunque no estés cerca.
Quisiera que fuera dulce pero siento amargo el instante ahora mismo. Quizá porque este alejamiento, voluntario, que elijo para nutrir mi intelecto me deja sin esos días de sentirte a flor de piel, que aunque siempre inciertos, son posibles cuando estoy atenta, pero cerca…
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12 de julio

Y llegué a esas tierras que tanto aprecias, sin acentos ni “ñ”s en el teclado, sin las “ces” de mi lengua materna y tengo que llevar a cabo mis inventos para recuperar esos signos que no utilizan en esta tierra. Con mañanas frescas, con más verdes que azules, con nubes de “Gainsborough” pero sin lluvia hasta el momento. Poquito a poco… recuerdo. Poquito a poco… te siento.
22:35 Permalink | Comentarios (4) | Email esto
03/07/07
Instantánea #8. El vals del Metropolitan

Visitar los museos de Nueva York es una tarea interminable y una diversión siempre pendiente y posible. Muchos de los museos requerían más de una visita y esta vez allí estaba, en el Hall del Metropolitan otra vez, con ese amigo entrañable que bien conocía e incluso compartía muchos de mis gustos.
De repente desde esos altavoces que casi nunca escuchas lo que suena escuché un vals. Bien sabía mi amigo de mi debilidad. Me mira y sonríe y yo, discreta pero cómplice le devuelvo la sonrisa, agradeciendo la invitación tan sutil. Y así, me toma en brazos y en el enorme Hall del Metropolitan empezamos a dar vueltas a ritmo de vals, hasta que se montó un círculo de gente ardedor nuestro. Una señora mayor iba diciendo “Oh, lovely! Lovely!”, alguno nos miraba inquisitoria i reprobadamente, otros con miradas de interrogante, miradas socarronas, algunos naturalmente nos ignoraban y algunos más tímidos nos miraban por el rabillo del ojo. No tengo conciencia de cuándo ni cómo acabó el vals, aunque sí de las imágenes de los momentos que sucedieron. El paseo por las salas de Egipto me parecieron mágicas aquella tarde. Me gusta esa concepción abierta de los museos de Nueva York donde paseas cruzando puertas y arcos tan vetustos como el templo de Dendur. Me quedé maravillada ante la estatuilla del hipopótamo azul. Me imagino que me llamó la atención por esa pátina de ese precioso color que todavía conservaba después de tantos miles de años y por la textura de la cerámica que me parecía familiar aun sin haberla visto nunca antes. Esa pequeña estatuilla fue compañera de viajes de “después de la vida” (after life) del “steward Senbi II ”. Bonita costumbre la de enterrarte con los artilugios para que te guíen el camino del más allá, con tus fetiches, esos fetiches que guardas de un traslado tras otro como queriendo aferrarte a las historias de tu vida…
Recuerdo que soñé, soñé despierta como tantas veces hago cuando observo maravillas sean vetustas o nuevas, y en un mar de dudas regresé a casa todavía envuelta por los compases de aquel vals no tan lejano que guardo en mi memoria y que atesoro de mi estancia en Nueva York.
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