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31/05/07

Nino III. El viaje

 

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Acabó el curso y fuimos todos de viaje. Ibiza era nuestro destino. Durante toda la travesía te paseabas por la cubierta del barco con tu cámara. Recuerdo algunas de las imágenes que captaste aunque no las posea todavía en este momento. Tan perfectas, con esos encuadres tan cuidados que sólo los más observadores logran. Joe con su flauta acompañaba la estela del barco y Fernando no te abandonaba; parecía tu sombra y tú la sombra de sus palabras; siempre irónicas y un tanto surrealistas que yo no siempre lograba entender. Tú te reías como un loco con él! Parecía que bebías esa ironía como el agua, con un placer indescriptible, con esa percepción de quien calma su sed.

Sonia desde la popa del barco no dejaba de contemplar el mar, hora tras hora, minuto tras minuto observaba los minuciosos cambios de luz en el cielo y en el mar. De tantas cosas hablaríamos que no recuerdo ni una sola. No dormimos en toda la noche y por la mañana al llegar a puerto teníamos esa sensación de embriaguez y a falta de sueño, nos reíamos como locos ante cualquier nimiedad.

Cuantas locuras recuerdo tenuemente de aquellos días, los paseos por el campo, por la playa, el olor a hierbas, la música de Mike Oldfield que nos sorprendió en nuestro paseo, las salidas y puestas de sol con “Es vedrá” recortado entre los rayos brillantes e intensos. Cuántos aciertos… como el día que fuimos a Formentera y alquilamos bicicletas para recorrer la isla. Éramos tantos que algunos tuvimos que conformarnos con las bicicletas gemelas o tandem. Me apresuré a compartir con Joe la tarea del pedaleo, pensé que su potencia me daría algún respiro. Tú fuiste con Sonia. Aquel día estábamos todos rendidos después del esfuerzo. Por la noche muchos no salieron y todos nosotros nos juntamos en una reunión escuchando las poesías de Joe, tan sencillas y con tanto ritmo como las melodías de su flauta; su flauta que yo llamaba y así la recuerdo, “mágica”.

Entablamos una conversación interminable y tal sería su trascendencia que decidimos juntar tres camas, meternos los cinco en ellas y continuar charlando hasta que poco a poco fuimos cayendo. Me pregunto quién sería el último combatiente en caer rendido pero estoy segura que fuiste tú. Siempre me admiró ese aguante tuyo, capaz de mantenerte toda la noche en vela, simplemente observando, mirando, pensando, garabateando tus notas en esa libreta pequeña con esa grafía tuya tan peculiar y distinta a cualquiera. La recuerdo bien porque todavía ahora, después de tantos años encuentro tus notas entre mis libros. A veces me sorprenden, otras estaban tan dentro que es como si la imagen que compone tu texto fuera todavía parte de mi esencia.

A la mañana siguiente cuando me desperté junto a vosotros me entró pavor y para colmo, la puerta de la habitación estaba abierta y tras ella un desfile constante de vuestros compañeros de clase que no dejaba de fluir. Quería morirme! Pero no lo hice, ni tan siquiera di explicación alguna a las otras profesoras porque creí que era innecesario. De hecho fue un viaje distinto, especial. Quiero afirmar que irrepetible. Creo que todos y todas incluidas las tres profesoras que compartimos la experiencia recordamos el viaje como un letargo, una corta hibernación en medio de ese loco mundo que nos rodea, que marco nuestras vidas para siempre. Aquel viaje definió tres vidas no convencionales, tres maneras de hacer y con el tiempo jamás he olvidado la experiencia.   

 

Comentarios

Precioso viaje, envidiable viaje. Gracias por dejarte ver, de cuando en cuando. Un beso madrileño PAQUITA

Anotado por: PAQUITA | 01/06/07

No... no acepto que no me visites pues hay muchos comentarios... leo cada uno, me emocionan y los valoro muchisimo.

Te espero SIEMPRE.

MentesSueltas, Buenos Aires.

Anotado por: MentesSueltas | 01/06/07

Cada viaje que hacemos por tus palabras nos deja tan aletargados, tan embriagados como vosotros salisteis de aquel barco. Por eso leerte, aunque ahora sea tan de cuando en cuando, no deja de ser también una experiencia inolvidable. Vuelve pronto, necesito un respiro...

Anotado por: xienra | 02/06/07

Realmente puedo asegurar, como tu dices, que hay viajes que marcan, que quedan gravados a fuego en el corazon, en el alma...que pueden hacer cambiar la vida...
Es bueno recordarlos...pero no vivir tampoco del recuerdo.. Gracias por compartir

Anotado por: Pepa | 02/06/07

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