15/11/06
Complicidades...
Hace unos días hicimos una cena en casa con gente variopinta, diversa; compañeros de trabajo del año pasado, ex-alumnos, esposas y compañeras y amigos de siempre… Comimos japonés casero, hecho con todo el esmero; un tataki delicioso, unos gyoza con su relleno de gambas, jengibre, cebollinos y ajos tiernos. Para sentirnos colectivos un sukiyaki donde todos mojábamos y cocíamos la carne con nuestros palillos en la misma cacerola. Mientras comíamos, charlábamos y nos contábamos secretos, esos secretos que pueden ser escuchados.
Entre mis secretos les cuento una de mis pasiones, ese abrazo de oso… y sé que algunos no me entienden pero veo por el rabillo del ojo a mi compañero de trabajo del año pasado que justo sonríe en ese momento preciso, esa sonrisa picarona y consigue recordarme esas complicidades que con él tuve no hace tanto.
Le echo tanto de menos… ese cruce de miradas en las reuniones, en los pasillos, ese intercambio de palabras al terminar las tareas, esos sentimientos que dejan poso, que se consolidan, sin decir demasiado, pero que sientes por esos vínculos que estableces, esa añorada complicidad.
Y este año, ese espacio tan lujoso que ostento, esa escuela digna de un cuento, me distrae de mi intento aunque sepa que pronto volveré a encontrar a gente de ese talante que ahora mismo me cuesta encontrar.
Existirán… me pregunto?
23:15 Permalink | Comentarios (16) | Email esto
05/11/06
Ritos de invierno
Cada mañana subiendo a la terraza más altiva de la casa, veo el mar de tonos fríos que me habla otro lenguaje que el de mi estío. Me consuelo con esas nubes que decoran un cielo sorprendente y dejan entrever un sol allí, a lo lejos, perezoso, apático, indolente como yo misma siento cuando poco a poco pero inexorablemente se acerca el frío del invierno.
Me consuelo con el sabor y el color monocromático de los cítricos en la frutera de mi mesa y vuelvo a Cezanne, al recuerdo de sus bodegones, tan vivos a pesar de estar tan quietos. Y eso siento que la vida se aquieta por momentos y se vuelve contemplativa, tranquila expectante cuando llega el frío del invierno.
Poco a poco vestiré la casa de época y cubriré mis azules azulejos de rojos, de carmines, de escarlatas y magentas y apreciaré en mis pies descalzos ese tacto, cálido a pesar del frío invierno.
Y encenderé el fuego y ensimismada me quedaré mirando las llamas de los troncos encendidos detrás del cristal de la estufa y pasaré horas buscándote como ahora mismo que te encuentro… sólo en mi pensamiento.
Todavía débil, rebelde a este frío que me acosa y al invierno que recibo con disgusto, me consuelo repasando mis ritos, mis resoluciones y mis propósitos para este invierno.
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