31/07/06

Fantasía de palabras... #2

Tus palabras me despiertan y a veces, tus palabras, me acunan. Están casi siempre ahí cuando todavía dormida, por la mañana, desesperada te busco entre mis sábanas; me levanto aturdida y subo las escaleras con calma para compartir esa fruta que te gusta tanto. Step by step… Llego a la cima, ciruela, albaricoque, sandía, melón o melocotón en mano… miro el mar; me desperezo, cuando termino, y con el último hueso paseando por mi boca, bajo a ese lugar de la casa, tan tranquilo que bien conoces. Ahí dispongo mi colchoneta, mis mantas plegadas, mi camiseta; cada paso, cada movimiento es casi un acto religioso, pulcro, perfecto; me estiro, me muevo siguiendo esas palabras algo metálicas que me dirigen y sé que, esta vez en silencio, me observas discreto; contemplas mi espalda cada vez más erecta, te emocionas cuando me doblo como una cobra, te excitas cuando, a cuatro patas, muevo mis nalgas… mientras loco, te escucho buscando tus gafas para apreciar cada gesto, cada movimiento de mi cuerpo.

Te veo de refilón, pero no te siento; te intuyo al fondo de ese pasillo, casi escondido, sentado en ese sillón de líneas simples, negro. De espaldas, continúo todas mis posturas hasta que coloco las palmas de mis manos sobre mis muslos; pulgar e índice juntos; mis piernas cruzadas, mi espalda recta… aquellos minutos vacían mi mente y llego a la casi imposible tarea de olvidar que estás presente. Después de ese instante te vuelves más humano, internamente mas tierno, más perceptible, más palpable aunque estés distante, como tantas veces; paso por tu lado casi sin notarte, bajo las escaleras, entro en la ducha y sigilosamente te colocas a mi lado; yo, fría el agua, tu caliente y parece que estemos en un tiovivo sin techo que se mueve lentamente bajo la lluvia.

Y es que hoy tengo sábanas nuevas y no son rojas, ni negras, ni azules… jaspean brillantes mundos de colores en un fondo soleado, caribeño, cálido y algo perverso; y cuando encuentro tus palabras, ya sabes… tus palabras son hiedra, me engañan, me enredan, me seducen, me embelesan y cuando estoy sola se ahogan dentro mientras inevitablemente te echo de menos... a ti, a tus besos de fruta y a tus palabras…

28/07/06

Fantasias...

Las flores secas de la buganvilla entran por la puerta de mi estudio desde la terraza. La sequía de este verano ha castigado mis plantas de tal forma que ni el agua, ni la sombra parecen poder animarlas. Sus hojas y sus flores forman círculos en el suelo, hoy, que por fin, otra vez, sopla esa brisa que echaba tanto de menos. En medio de esa corriente, se acomodan viejos recuerdos; en mi estudio, cerca de mi escalera, inspiración de mis fantasías y de mis encierros…

Hace poco más de un año que logré entrar en ese universo que desconocía, o mejor dicho que nunca había sabido plasmar. Por desconcierto quizá? O quizá por miedo; un miedo ancestral, cultural, atávico. Porque esa educación tan cortés, tan pulcra, tan malsana había quebrado mis más íntimos deseos cantidad de veces. Y descubrí que podía, que podía desbordarme de tantas y distintas maneras. Lo descubrí de tu mano y de tu mente, de la fuerza y rapidez de tus palabras. Nunca llegué a verte, pero te he visto tantas veces porque sé que ver no es tocar, ni ver es saber.  Nunca supe exactamente lo que había detrás de tu mente lúcida, de tu labia dicharachera, de tus conocimientos, de tu ironía, de tu rapidez expresiva…. Sólo sabía que cuando no estabas… te echaba tanto de menos. No me sentía cómoda con esa dependencia y sin embargo la alimentaba constantemente compartiendo eclipses, películas, músicas, libros, recuerdos e incluso tragedias aunque quedasen lejos… fragmentos únicos e irrepetibles. Me sentí Belle de Jour, Mme Bovary, La Regenta, La Princesa Diana, me sentí reina de reinas y tan bella y sensual… como nunca he sido.

Y sin embargo decidí que inhumaba tu recuerdo mientras miraba el sol como desaparecía en el océano escribiendo mi último mensaje, imaginando mi última fantasía: “En un amanecer intenso, desde el Pacífico, con un cielo de ensueño, te pienso desnuda en una cama donde me podrías atar y desatar… y luego amar.” Y ahí, al cabo de un instante, media tarde para ti, recibí tu respuesta: “ahora mismo voy y verás…”

Ahí, en esas orillas tan lejanas a las mías, fue donde decidí enterrar todos mis fantasmas en el mar.

24/07/06

Bajo las estrellas

Conozco bastante bien las montañas que me rodean pero siempre aprendo cosas distintas, cosas nuevas cada vez que decido emprender nuevos senderos. Hace ya años había caminado bajo las estrellas y estos días de verano ante la imposibilidad de caminar durante el día por ese calor agobiante que nos castiga, sacamos fuerza para caminar cuando la tarde cae. Empezamos la marcha poco antes de que se ponga el sol para iniciar el camino y estos ciclos de luna nueva, cuando oscurece, algunos continúan con linternas. A mí, casi me gusta más andar a tientas, aunque es un decir, porque el monte nunca está completamente oscuro.

Las montañas del Garraf pueden parecer, a los ajenos, casi un desierto pero no es así. Si bien la geografía resulta árida, gris con esas piedras que se dejan tallar por las pocas lluvias torrenciales que caen en otoño, dejando unas huellas de filigrana, artísticas en su superficie, también a lo largo de los años, esas mismas lluvias cavaron en esa roca calcárea gran cantidad de cuevas para el disfrute de los espeólogos. Sus caminos subterráneos son estancias, son mundos imaginarios hechos realidad.

La vegetación distinta, con matorrales y pinos que inundan los valles y las colinas de verde, un verde peculiar en cada estación del año, y al principio y casi al final del trayecto algo más cerca de la civilización, aparecen las viñas que antiguamente había miles en esos márgenes de piedra seca y que ahora mismo han quedado sepultados por esa vegetación de pino blanco, tan salvaje. Es como un milagro ver como todo se ha poblado después de los incendios del 94. Aunque los expertos dicen que el pino blanco no favorece el terreno. Cuando queman los pinos, las piñas estallan dejando una gran cantidad de semillas recalentadas a su alrededor. Estas brotan  entre las cenizas con el tiempo y el bosque, antes cubierto de majestuosos y potentes pinos, se puebla de pinos raquíticos y débiles que a la larga mueren pero de momento hacen la vida impenetrable. Los jabalíes encuentran el terreno vedado, también el hombre y entre sus troncos se acumula una gran cantidad de maleza y hierba seca formando barreras que en este tiempo de auténtica sequía es una verdadera bomba. Ya no existe la necesidad de limpiar el bosque para calentar los hogares y hacer funcionar los hornos y todo está tan salvaje y abandonado que tiemblo al olor de un pitillo de entre los nuestros.

Como tantas veces observo esos pinos fuertes, macizos que cuando caen al suelo por algún vendaval, te das cuenta de que sus raíces son prácticamente superficiales. Así, nuestras plantas en el Garraf, con muy poquita agua, sobreviven. Me maravillo siempre ante el palmito o como aquí le llamamos el “margalló”, la única palmera autóctona de Europa de procedencia africana, que probablemente viajaría su semilla en el vientre de alguna ave migratoria y aquí llenó de vida los montes junto al carritx y el lentisco.

Las fragancias que desprenden, en este tiempo la lavanda, el romero, el tomillo, la “jesolida”, el hinojo, la flor de san Juan, tristemente seca, pero olorosa todavía, el te de roca y el poleo... son inconfundibles. Y todas ellas te impregnan el olfato. No solo las olemos, sino que también saboreamos el hinojo, extremadamente intenso, machacándolo entre nuestros dientes para deleitar-nos con su sabor. 

El concierto de la naturaleza en este entorno es también increíble. La cigarras no paran, los  sapos y las ranas aprovechan algunos charquitos que se formaron en las últimas lluvias de la primavera y con poca agua llenan de vida el ambiente. De noche escuchamos el batir de grandes alas y aunque ya no las vemos imaginamos las grandes palomas salvajes y además los murciélagos que son más pequeños. Hay un lugar frente a la costa que los ornitólogos frecuentan en septiembre y pasan allí sus horas dispuestos a cazar imágenes de especies extrañas que por allí pasan todos los años en esa época.

La vista, hasta ahora regalada con la luz del día y con las flores que todavía  quedan, poco a poco se centra en las sombras y en el cielo. Las estrellas una a una  van apareciendo y las formas más conocidas las observo: las osas menor y mayor y otras muchas que no reconozco; las veo brillar y no las sé nombrar por su conjunto. Bajo ese manto regresamos, sudados, cansados pero satisfechos de la pequeña hazaña veraniega entrando tras cada paso en la discreta y tranquila civilización  del pueblito de Olivella donde nos espera, ya entrada la medianoche, una frugal y apetecible cena para compensar el esfuerzo.

Quise recuperar en un único fragmento muchos de esos vividos a lo largo de mi existencia. No sé si lo he conseguido, porque me quedan tantos recuerdos, tantos nombres de plantas, de animales y de estrellas en el cielo... pero ahí queda mi intento.  

 

Mi almohada azul

Mañana será otro día, distinto, sin estrellas, sin visitas, con trabajo, con agobios, caluroso también.

Acabo, ahora mismo, agotada, incapaz de pensar más, me rindo ante mis letras inacabadas y me acuesto…  abrazada… a mi almohada azul.

 

18/07/06

Comida con amor

Qué bien me sienta el verano, a pesar de los encierros, de los proyectos, de las lecturas “obligatorias”, de los recuentos de datos y los escritos ante el ordenador! Qué bien me sientan las cenas que me preparan y las que suelo preparar yo.

La comida es magia! da que hablar a los sencillos y a los más complicadillos. Conversaciones de playa, de clases, de salas de espera, de mercado, de pasillo, de colas de cine y de tienda del pan.

Las cuido con esmero, con cariño, no sólo lo que cocino sino cómo lo presento, cómo lo combino. Disfrutando en compañía, en la terraza, con la brisa marina es como estar en el cielo.  No me gusta la cocina demasiado elaborada, aunque a veces me paso horas para que todo salga como quiero yo. Porque la comida pasa cerca del corazón y éste siempre nota si la comida está hecha con amor.

Dos lecturas maravillosas han venido a mi mente mientras elaboraba en mi imaginación el menú de esta noche para una especial ocasión: Afrodita de Isabel Allende, sus recetas para el amor son poco prácticas pero deliciosas de leer. Y también recordaba Como agua para el chocolate de Laura Esquivel. Cómo me inspiran estas mujeres que saben de la vida los verdaderos placeres!  

 

15/07/06

El futuro es mujer

Las noches de verano son a veces mágicas y esta noche, sencillamente, lo fue. Sabores, olores, colores, sensaciones de sal y de mar y quien como las mujeres para alegrar la vida a la gente y a la vez cambiar; cambiar todo aquello que ha dejado de funcionar.

Esta noche cena y bailongo; barbacoa cerca del mar. Mesas pobladas de toda procedencia: familias, mayores y pequeños, jóvenes, periodistas, hoteleros, amigos, conocidos, grupos veraniegos que querían disfrutar. Nosotras, las andarinas, dejamos nuestros maridos, nuestras parejas, nuestros amigos y nos reunimos 24 mujeres para poder valorar la experiencia de este año y empezar a programar nuevas excursiones, nuevas escapadas, nuevos planes… de momento, sólo empezar a pensar!. Cuántas ideas, cuántos devaneos, también aciertos, cuantos juegos, ritmos y otras cosas además!  

Que tiemblen los políticos, que callen los “bocazas” y empiecen a cavilar. El futuro es mujer, tanta fuerza tanta energía no van a poder contener. Ya lo decía la Thatcher, y eso que no es de mi cuerda! “Los hombres hablan de política, las mujeres la hacen”, con esa cabeza bien puesta, con esa disposición, con ganas de caminar, de progresar, de mejorar, sin esa ambición personal, ese maltrecho pueblo, simplemente optimizar…

Volvimos andando por la orilla, mojando los pies en el mar; agua tibia, arena fresca y la brisa empezaba a soplar. Los proyectos, las ideas empezaban a aflorar. La noche mágica, productiva, esperanzada. Esta vez, todos esos planes, no se fundirán.  

 

13/07/06

A medio gas

Me debato entre la serenidad de estos días y ese proyecto que me tiene algo intranquila. Extraño, complejo el sentimiento. Me paso las tardes frente al ordenador escribiendo, por eso ahora os veo al momento. También me deleito con las clases de Lola temprano dos veces por semana. Cuando no voy a clase me monto mi propia tabla de yoga, los ejercicios para que la espalda no me moleste. Cuando acabo me voy a la playa, me baño a media mañana y nado hacia dentro hasta que me canso. Después, recupero el aliento y regreso. Tomo el sol, me protejo. Tanta prudencia me espanta en esa alma tan dada a la rebeldía que tengo; me extraña tanto orden, tanta sensatez pero estoy tan serena que engaño a mi alma y me digo “Ya vendrán otros tiempos, aprovecha, que son dos días!”.

Por la tarde cuando el calor aprieta dispongo las puertas, las ventanas, todo bien abierto aunque bajo las persianas a medias, para que corra la brisa marina y me despeje. En este espacio pienso, escribo, reviso, organizo, repaso y lo dejo para volver a ello dentro de un rato. Cuando estoy así, todo me parece tan fácil. Será que me engaño? Y mientras fluyen las ideas, los recuentos de datos se minimizan, los escritos y lo que interpreto son un juego. Casi me alegro de este compromiso que me deja encerrada con esa paz para trabajar que durante el curso no tengo.

Por las noches varío; cenas con amigos, con mis hijas, encuentros, conferencias y conciertos, algunas veces cine o también me escapo a la urbe para algún acto concreto.

Y vuelvo a preguntarme… y esa paz? Hasta cuando? Y espero…

09/07/06

desde otros azules

Me muevo entre azules, más azules que los míos. Estos días metálicos, intensos, limpios, nítidos, diurnos y nocturnos y esa luna casi llena como un enorme botón dorado en el cielo, ahí está.

Después del trabajo me relajo, paseo junto al mismo mar, ese mar que bien conozco pero desde otra orilla; con mi amigo de siempre, de tanto tiempo y todavía me conmueve con sus detalles, con su exquisita sensibilidad. Tomamos un Campari, (con tónica y una rodaja de naranja, os lo recomiendo!) complaciendo la vista, con ese color tan sugerente, y también el paladar. En el puerto, deleitando el oído con la música de las cuerdas contra los mástiles. Más tarde cenamos, experimentamos caprichos de la tierra, los compartimos, así probamos muchos más. Nos reímos como niños, nos lloran los ojos de tanto reír, recordamos mil anécdotas, preguntamos por mil amigos comunes; nos contamos… y sonreímos todavía más.

Me pregunto porque a veces es tan fácil y otras no. Me pregunto qué magia se esconde a veces tras las sonrisas, tras el brillo de los ojos, tras los sabores, tras los recuerdos... Me pregunto por qué el tacto de su mano sobre mi piel me ha emocionado tanto, hoy y otros días no así…

Todavía el avión no me dejó aterrizar, todavía en sueños, temiendo despertar…

Me imagino que tiene que ver… y sí, es que empezaron las vacaciones, ya! y los malos rollos enterrados están!!

05/07/06

Más fragmentos

Me muevo entre cortos, creaciones de fragmentos, de momentos que cada autor vive a su manera, crea a su concierto. Ahí están http://62.37.234.3/encorto2/sala/sala.asp 141 cortos para entretener a pacientes e impacientes. De ellos saco partido para las aulas, para el debate para el conocimiento. Ando atareada, aún con vacaciones a medias, preparando talleres que den un poco de paz, de ayuda, ideas a los maestros y profesores.

Y tengo momentos, fragmentos de todo: intensos, calmados, emocionados, acalorados, inquietos, curiosos, tranquilos, furiosos…

Esos momentos… son ahora lo que cuentan, despacio, sin que se desvanezcan tan rápidamente, como otras veces.

Desde mi palacio azul...

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