30/09/07

Desde Dentro

6423cc66003c0d62b3f900052f469c57.jpg
Mi padre murió de cáncer. Era joven y a mí me desconcertó tanto su muerte que estuve inerte, como un vegetal, días que parecieron eternos. Fui llenando su ausencia irreparable de mil maneras, por dentro, estableciendo diálogos y altares, soñando despierta,  imaginando su presencia, aferrándome a los recuerdos, guardando reliquias y memorias de tantos fragmentos… Cuando murió mi hermano años más tarde, también de cáncer, como mi padre volví a sentir este desconcierto. La vida de los nuestros, de mi clan… un clan tan compacto, tan unido, tan nuestro. La vida rota por fuera y por dentro, se desvanecía irremediablemente… Ese desmoronamiento de lo mío me causó tal desasosiego que sentí un vacío inmenso…

Hace unos días ante la presencia de hemorragias pequeñas, pero constantes, pensé que me había tocado mi turno, a la edad de mi padre, a la edad de mi hermano así se presentaba mi momento, jugueteando con la muerte, apareciendo vestigios del mismo modo que con ellos…

Pero me hice esquiva a sus intentos, aprendí los juegos que ni mi padre, ni mi hermano supieron cuando la muerte les sorprendió casi sin saberlo, de golpe, sin dar tiempo. Quizá su experiencia, la de mi padre, la de mi hermano, o quizá la sabiduría de mi abuelo, me dio ese conocimiento que inconscientemente se acumula con los años y ahora después de los pertinentes tormentos clínicos, que temía terriblemente, compruebo que vencí a la muerte en esta partida. Ahora que sé que vivo, vivo tanto como puedo y me siento positiva, inmensa, potente, como tantas otras veces, a pesar del otoño que este año llega lleno de sorpresas…

24/09/07

Vida”s”

c23215f99c4313aec0775438d45db285.jpg

Se sientan delante de mi asiento; uno junto al otro sin decir palabra. Él, con la mirada adusta y su piel tostada uniformemente por el sol, miraba por la ventana. Ella, rolliza, con cara afable, sacó un libro de su bolso y se puso a leer. “Deseos Concedidos” reza el título de Danielle Steel. Cuando estuvo cansada de la lectura apoyó su cabeza en su hombro y con un pequeño suspiro entrelazó sus dedos en la mano de su compañero, sin decir palabra.

No tenían nada que decirse, aparentemente; sin embargo pude leer ese lenguaje oculto de las miradas, las manos y los cuerpos.

Al llegar a casa me entró la curiosidad y abrí el ordenador para buscar información del libro. La pequeña reseña me muestra un libro que quizá yo no leería, sin embargo me abre un mundo de historias, de infancias vividas, de recuerdos y de vidas distintas, con esas caras que he visto; una adusta, la del hombre; la otra dulce, rostro de mujer…

*La pintura es de Guillermo Martí Ceballos

08/09/07

Contrapuesta

 

 

4026dee5791a876e5ad4f44c4004a581.jpg

 

 

Ahora mismo, tengo dos sentimientos: uno de plantarle cara a la vida, de retar a la muerte; el otro de impotencia ante acontecimientos adversos.

Y en medio de este marasmo, de esa lucha insistente mientras obstinada reto a la muerte, te asomas sin mostrarte. Como siempre, todavía con miedos, “por circunstancias” me dices y luego desapareces sin ser visto, como tantas otras veces.

¿Sabes? no aprendí juegos conocidos que entretienen la muerte; no aprendí a jugar bien al ajedrez cuando tocaba y ahora invento juegos distintos que sólo yo conozco; con cuentos, con entretenimientos… Todas mis armas despliego, de ahí mis intentos… mis fuerzas se desvanecen cuando pienso…

Pero si tan sólo supieras o hubieras sabido que estoy en guerra, ¡en guerra abierta! que todo en mi está atento, que lloro por nada aunque no me muestro, que río con miedo, porque las palabras tienen más letras… y enjuago cada sentimiento,  chupo cada poro que encuentro, incluso a tientas… hacia adentro…  y que mi lucha constante, estos días, me deja infatigablemente impotente…

Qué lejos está la lluvia, qué lejos tus manos, tus dedos, esa imaginación pendiente… aún así, sé que el sol saldrá de nuevo… un día de estos.

Sé lo que me dirías, críptica, ¡para que me entiendas!